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27 abr 2026

Deja que Dios sea Dios. Zaragoza 17/04/26

¿Qué es lo que tenemos en común todos los seres humanos? Sin duda alguna, la búsqueda de la felicidad. Es cierto, ese anhelo anida en el corazón del hombre desde siempre. Sin embargo, parece que nos hemos olvidado de cómo se alcanza esa felicidad. No hay que investigar mucho para darse cuenta de que el mundo de hoy no es feliz. ¡Qué paradoja! Justo un mundo que se guía por el placer personal, el disfrute y la huida del compromiso y del dolor. ¿O quizá precisamente por eso?

Este pasado fin de semana nos ardía el corazón al escuchar a Juan hablarnos sobre el Amor y sobre la lógica de Dios, tan difícil de acoger en nuestro día a día. “El que busca la felicidad, pierde la fidelidad. El que busca la fidelidad, alcanza la felicidad.” Esta frase resonó durante todo el fin de semana, y creo que resume bien el camino hacia esa felicidad tan ansiada y la receta para un matrimonio y una familia santa:
Fidelidad es volver la mirada hacia el corazón angustiado del otro cuando me hiere y no centrarme en el daño que me ha hecho.
Fidelidad es acoger y compartir los dones que Dios ha dado a nuestra familia, y no pasarnos la vida deseando ser como los demás.
La Fidelidad no descansa. Es aquí y ahora.
Fidelidad es ir construyendo disposiciones deliberadas para amar mejor al otro.
Fidelidad es intensificar el agradecimiento a Dios cuando aparece la cruz: Darte gracias, Señor, siempre y en todo lugar.
Fidelidad es recordarse una y otra vez que el deseo promete felicidad, pero solo recoge placer.
Fidelidad es amar al otro por lo que es, y no por lo que puede llegar a ser. Solo siendo amado así, alcanzará la plenitud.
Fidelidad es dejar que Dios sea Dios en nuestro matrimonio y en nuestra familia. Soltar la cuerda y dejarle a Él que guíe nuestra vida.
