Noticias Asociación
29 ene 2026
Crónica del Encuentro de familias en Sevilla. 16–18 de enero de 2026
El fin de semana del 16 al 18 de enero nos encontramos en la Casa de Ejercicios de Betania, en Sevilla, para vivir un nuevo encuentro. Fue un fin de semana donde pudimos, cada familia, hacer una pausa consciente para mirar nuestra vida, nuestro matrimonio y nuestra vocación desde una perspectiva más profunda y esperanzada.
La temática del encuentro giró en torno a la crisis, entendida no como un fracaso, sino como un cambio, como parte esencial de la vida y del crecimiento. Descubrimos que, de algún modo, todos somos crisis, porque estamos vivos, porque seguimos en camino, porque aún nos estamos conociendo y afrontando situaciones nuevas. Y lejos de estancarnos, estamos llamados a caminar juntos.
Matrimonio y familia: camino de santidad
A lo largo del fin de semana se nos recordó con fuerza que el matrimonio es un auténtico camino de santidad, un lugar concreto donde aprender a amar y dejarnos transformar. Comprender el matrimonio como comunión implica también la renuncia, no como pérdida, sino como elección libre por un bien mayor: el bien de la familia.
La familia apareció una y otra vez como lugar de encuentro y de aceptación incondicional, espacio de amor y fecundidad, donde aprendemos a amar, a vivir la intimidad y a descubrir quiénes somos. Somos, en gran parte, lo que hemos aprendido en nuestra familia, y por eso su estructura y su estabilidad son fundamentales. La relación conyugal y la relación parental, cada una en su lugar, sostienen ese hogar que se convierte en referencia y refugio.

La crisis como oportunidad de crecimiento
Se nos invitó a cambiar la mirada sobre la crisis: aceptarla, acogerla y aprender de ella. La crisis nos hace conscientes, y hacernos conscientes nos hace libres. En ese proceso, comprendimos que nuestra historia de vida es también nuestra historia de salvación, un camino en el que Dios actúa incluso en medio de la fragilidad.
Recordamos las palabras de san Juan Pablo II, cuando decía que el drama del hombre es que ya no sabe quién es. Por eso, la pregunta por el sentido de la vida y por la propia vocación estuvo muy presente: descubrir quién soy, para qué he sido creado y hacia dónde camino. Somos del cielo y para el cielo, y esa certeza cambia la manera de vivir las dificultades.
Cuidarse para darse
Otro de los mensajes clave del encuentro fue la importancia del autocuidado. Somos cuerpo, alma y espíritu en relación, y solo desde una vida sana podemos aspirar a una vida santa. Cuidarnos no es egoísmo, sino una condición necesaria para poder entregarnos de verdad.
Se habló también de la personalidad como un proceso dinámico y continuo. No somos estáticos: cambiamos, maduramos y seguimos creciendo. Nuestras raíces, nuestra historia y nuestras bases son ese oasis al que volver para beber, para encontrar seguridad y estabilidad cuando la vida se vuelve incierta.

Educar desde el amor y la esperanza
La reflexión sobre los hijos ocupó un lugar central. La familia es ese lugar donde los niños saben que siempre pueden volver, pase lo que pase. Un espacio de seguridad, de apego seguro y de aprendizaje. Los niños necesitan estabilidad, amor fiel y la certeza de que son recibidos como un don de Dios.
Se subrayó la importancia de poner límites claros, especialmente en la adolescencia, etapa clave para el descubrimiento de la identidad. Cada hijo es único, con necesidades específicas, y requiere un trato personal. Darles la posibilidad de equivocarse, acompañarlos con amabilidad y cambiar dinámicas cuando algo no funciona, es parte esencial de la tarea educativa.
La comunicación en la familia fue presentada como un pilar fundamental: una comunicación asertiva, profunda y verdadera, donde todos reciben respuesta. La mesa, los momentos compartidos y las tradiciones familiares se convierten en espacios privilegiados para anclar recuerdos, contar la propia historia y fabricar momentos que permanecen.
Vivir desde lo esencial

